Directiva Cut Provincial Huasco

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miércoles, 22 de diciembre de 2010

Chile necesita un nuevo sindicalismo y la CUT un nuevo liderazgo



Cristián Cuevas Zambrano, recibe a Dilemas en la pequeña oficina sindical de los trabajadores subcontratistas del cobre cuando aún se escuchan los ecos de la movilización de los trabajadores el sector público, la discusión en el parlamento y el polémico voto del ex ministro del Trabajo, Osvaldo Andrade.

Sostiene que la instalación del actual gobierno, plantea nuevos desafíos al mundo sindical y social y que es urgente un nuevo sindicalismo y un nuevo liderazgo en la CUT. Algunos deben dar un paso al lado, asegura el dirigente.

¿Por qué no estuviste presente en estas tratativas de la Mesa del Sector Público, siendo tú el encargado de negociaciones y conflictos de la CUT?

Bueno porque la Central tiene una institucionalidad y quien la dirige es el presidente de la CUT y fue el quien coordinó la Mesa del Sector Público. Yo en cambio soy encargado del Área de Negociación Colectiva, Solidaridad y Conflicto, y obviamente el sentido común indica que debería haber estado en este proceso, pero bueno, según la institucionalidad de la CUT fue el presidente quien coordinó y convocó a los dirigentes para ayudar en este proceso del cual yo no participé.

Tras el reajuste del sector público, se destacan declaraciones contradictorias entre los dirigentes que actuaron en el proceso. Una cierta molestia de Raúl de la Puente por el resultado y por otra el apoyo que brinda Arturo Martínez al presidente del Partido Socialista Osvaldo Andrade. ¿Cuál es tu opinión sobre esta situación?

Desde la reflexión que he hecho en estas horas creo que debemos valorar altamente la decisión de movilizarse que tuvieron los trabajadores. Aquí hubo una maniobra del gobierno de Piñera dirigida a despotenciar sus movilizaciones. Durante los gobiernos de la Concertación los propios jefes de servicio daban ciertas facilidades a los trabajadores para que se movilizaran, las cuales hoy en día ya no se dan. También está instalado el miedo en el imaginario de los trabajadores, agudizado a partir de los meses de julio-agosto con los despidos en el sector público de aquellos funcionarios a contrata y a honorarios. Por todo esto, cabe saludar el esfuerzo de los trabajadores.

Lamentablemente los costos que implica el resultado de esta lucha no los pagará ni Osvaldo Andrade ni Arturo Martínez, sino todos los trabajadores. Yo creo que frente a lo ocurrido hay que hacer una profunda reflexión sobre el sindicalismo que queremos construir y los liderazgos que queremos impulsar, porque lo ocurrido da cuenta que no hay una relación entre la conducta pública y lo que finalmente resultó de la negociación.

Digo esto porque así como han expresado su descontento dirigentes relevantes del movimiento sindical chileno, a uno le llega el descontento generado en la base sindical, en los trabajadores que se ven afectados por este reajuste miserable, que despotencia cualquier proceso de negociación del sector privado. Por eso lo que ocurriera en el sector público tenía más importancia aún.

Creo que el comportamiento de Andrade es censurable y el comportamiento de quienes estuvieron en la Mesa de Negociación debe ser objeto de un debate en sus propias organizaciones para corregir este déficit.

Creo que el gobierno con este resultado obtuvo una victoria porque vulneró al movimiento sindical chileno.

En el último tiempo se ha dado un hecho inédito como es la capacidad de movilización y huelgas en el mundo de los trabajadores. ¿Qué apreciación tienes de estas luchas como las protagonizadas por los trabajadores de Monticello, el metro, los mineros de Collahuasi, y otras que parecen dar una señal nueva?

Mira, con la llegada de Piñera las negociaciones colectivas y paralizaciones se han incrementado en un 19%, según datos oficiales. Pero todas estas huelgas han sido derrotadas. Todos los procesos de negociación colectiva han sido derrotados.

Comenzando por la movilización de los trabajadores de Collahuasi, contra los cuales el ministro del Interio envió un avión cargado de policías para aplastar a los trabajadores contratistas.

O la huelga extensa de lo trabajadores de FASA (Farmacias Ahumada), que más allá de la dignidad que esta nueva generación de dirigentes intenta rescatar, fue muy difícil la salida a ese conflicto.

O de Monticello que debieron acogerse al artículo 269, el cual permite negociar más adelante, debiendo los huelguistas volver derrotados a su trabajo.

Así ocurre en muchas huelgas. Por eso nosotros, denunciamos el cambio de orientación de la Dirección Nacional del Trabajo la cual no está fiscalizando ni protegiendo a los trabajadores. Pese a eso, ha habido distintas movilizaciones, pero los resultados han sido deficitarios.

Y eso habla de un problema que tenemos que resolver el problema de la conducción del movimiento sindical. Para dónde debe marchar y cómo se relaciona con un gobierno de derecha.

Porque algunos piensan, que debemos hacerlo de la misma forma como con los gobiernos anteriores. Pero éste gobierno está haciendo su propia operación destinada disputar la conducción del movimiento social y sindical, tratando de quitarle legitimidad a los trabajadores y al movimiento sindical. Quieren influir más en este movimiento.

Lamentablemente muchos dirigentes están facilitándose para esta maniobra con argumentos tales como “queremos la paz social”; “que me siento más cómodo en un gobierno de derecha”; “que se ha terminado la lucha de clases”, etc.

¿Eso lo dicen dirigentes sindicales?

Eso lo han dicho altos dirigentes de la Central en distintas publicaciones de circulación nacional.

¿Para dónde debe marchar el movimiento sindical?



Nosotros creemos, pues yo no hablo desde mi individualidad sino de lo que representamos. Yo represento a los trabajadores contratista del cobre. Yo creo que uno tiene que interlocutar con los nuevos administradores del modelo, es decir con el gobierno de Sebastián Piñera y toda su institucionalidad. Pero lo que no debemos perdernos es que hoy día en los ministerios están los que saben administrar sus empresas. Y por eso tenemos que colocar en disposición distinta al movimiento sindical. Y debemos hacer una reflexión que signifique poner en disposición de lucha al movimiento sindical para alcanzar mayores y mejores derechos. Ampliarlos.

En los veinte años de la Concertación no hubo avances significativos en derechos y en materia laboral. El derecho a la negociación colectiva efectiva, la libertad sindical, la aprobación de los convenios internacionales, en eso no hubo avances significativos.

Y hoy estamos luchando por no perder los pocos espacios que teníamos de derechos. Entonces requerimos un movimiento sindical que comprenda que necesita pasar a una ofensiva mayor de lucha, pues el escenario político ha cambiado Y eso nos obliga a generar convergencias y grandes bloques, que permita negociar, pero también creo que hay que desplazar las conductas y los comportamientos inadecuados que han habido en los liderazgos del movimiento sindical y social durante veinte años que también son responsables de la situación que estamos viviendo los trabajadores.

Da la impresión que por un lado están las bases sindicales, presionando por mejores derechos y condiciones de vida, el 19% de mayores conflictos lo señalaría, que aunque no ganen dicen volver al trabajo con más dignidad; y por otro un sector de la dirigencia sindical que está mas dispuesta a negociar por arriba, sin responder a una relación más directa con las bases.

Por supuesto. Existe una especie de sindicalismo acomodaticio.

Efectivamente los trabajadores, después de 15 o 20 días de huelga, vuelven con un sentimiento de dignidad tras luchar en condiciones adversas, con sus huelgas invisibilizadas, con una autoridad política obstructiva de los procesos de negociación colectiva y a favor del empresariado. Eso les sirve de experiencia para definir para donde debemos marchar. Nosotros proponemos recuperar el sentido de clase del movimiento sindical que indica para donde debemos dirigir las luchas que se vienen.

Algunos plantean la unificación de todas las fuerzas para lograr desplazar a la derecha. Eso no puede darse sólo por arriba sino hay una lucha importante del movimiento sindical y social. Lamentablemente no todos los trabajadores y trabajadoras están organizados y por eso es un desafío lograr que se sientan identificados con la CUT, lo cual se dificulta cuando se generan dudas sobre la ética de nuestros principales líderes sindicales.

¿A tu juicio cuáles son las causas que facilitan la derrota de las huelgas que mencionamos?

Por ejemplo, en algunos casos, el no generar alianzas oportunas y rodearse de otros, concitando solidaridad, una palabra que usamos mucho pero que no implementamos. Es necesario trabajar con otros actores sociales para fortalecernos. En la huelga larga del pueblo mapuche, en Collahuasi y en la tragedia de los 33 mineros, solo estuvimos algunos, pero no estuvo toda la institucionalidad del movimiento sindical. Nos faltó fuerza para decir que las cosas debían hacerse de manera distinta.

Por esto insisto que debemos hacer un cambio de liderazgo y un cambio de conducción. Debemos buscar quien puede encarnar adecuadamente esa nueva conducción. No se puede insistir en negociar a espaldas de los trabajadores, no puedes hacer tratos y entregar opinión si no la has colegiado con el colectivo.

¿Y es lo que pasó con la negociación del sector público…?

Pasó con el sector público, paso con las distintas opiniones de prensa… y después para algunos el silencio y la invisibilización y otros no pagan costos respecto a sus propias conductas inadecuadas y que, desde mi punto de vista, debieran hacer un paso al lado del movimiento sindical.

¿Te refieres a Arturo Martínez?

Me refiero a todas las personas que todo Chile conoce y que debieran hacer un gesto de humanidad.

Tú planteas que Chile necesita un nuevo tipo de sindicalismo y de dirigentes ¿Cómo se relacionaría ese nuevo sindicalismo con los partidos políticos?

Ayer, en un foro en el Museo de la Memoria, yo planteaba que uno de los principales blancos del terrorismo de estado fue el movimiento sindical y ese daño no se ha reparado porque no hemos luchado por ello, como lo han hecho las organizaciones de derechos humanos planteando el tema de la justicia y permitiendo algunos avances. Muchos de los nuestros fueron víctimas de las atrocidades y no hemos hecho nada para hacerles justicia

Entonces, desde mi punto de vista, cuando hablamos del nuevo sindicalismo significa volver al origen, volver al sindicalismo político, al sindicalismo social, al sindicalismo que se vincule con la población, donde los líderes sindicales sientan que son una totalidad con otros, donde los problemas que afectan a unos son de todos. Ese es el movimiento sindical que puede salir victorioso.

Respecto a la relación con los partidos políticos, yo soy militante de uno, creo que debe darse en un marco de respeto, entendiendo que nosotros tenemos una representación y legitimidad que nos dan los trabajadores y el movimiento social, y con esa fuerza podemos influir en nuestros partidos para que comprendan quienes son los que deben de alguna manera influir para cambiar la situación o correlaciones de fuerza que son negativas.

El mundo vive una crisis prolongada y la consigna original, de que la crisis no la paguen los trabajadores, parece más evidente. Uno podría haber supuesto que en Chile, el proceso de fortalecimiento en el campo sindical y de la Izquierda iría en paralelo. Pero el proceso de construcción de la Izquierda en Chile marcha lento y fragmentado. ¿Cuál es tu opinión sobre ese tema?



Tu vez por ejemplo, lo que pasa en Italia, en Francia, en España, Portugal, grandes movilizaciones de de los trabajadores, de los jóvenes, pero que al final, su clase política vota en contra de la voz popular, entonces ahí necesitamos que la izquierda haga también una reflexión para poder comprender ese fenómeno, para poder constituirnos en una fuerza que efectivamente influya, porque ahora no estamos influyendo como izquierda con fuerza en los trabajadores, porque seguimos, desde mi punto de vista, repitiendo imaginarios colectivos y simbólicos que sirvieron para un minuto determinado, pero que hoy día necesitamos recomponer ese imaginario para este tiempo o si no estamos condenados a lo que somos es decir, no influyendo y no se trata de influir por influir.

Esto tiene que ver con el poder. Si queremos el poder o no para la conducción y la generación del bienestar de los ciudadanos, y hoy día la izquierda no está apostando a eso. Está apostando a administrar ciertos espacios, pero no querer el poder. Yo creo que ahí el rol que jugamos los trabajadores para poder fundir o refundar lo que a nosotros nos convoca, que es poder terminar con todo tipo de situaciones injustas. Y aquí lamentablemente en nuestro país la respuesta a la crisis es una respuesta de derecha, no es un avance desde el mundo de la izquierda, que debería estar más atenta de lo que está afectándose por los temas de despojo y de falta de derechos. Entonces yo creo que a la izquierda le falta una mayor sintonía, una mayor relación efectiva con los trabajadores y los movimientos sociales.

A quienes incluyes cuando dices “a la izquierda”,

A todos. No tenemos una izquierda como la teníamos hace 40 años atrás, ni siquiera como hace 20 años, hoy día está más dispersa y con un discurso que no se condice a la realidad y tampoco a disposición de los trabajadores y de los ciudadanos. Tenemos que recomponer una izquierda con todas las expresiones y articulaciones sociales anti sistémicas, en un referente que los trabajadores y el mundo social sientan como suyo.

Ya que estamos en el terreno de la política y después del Congreso del PC cuál es la amplitud que tiene que tener la oposición hoy.

En mi opinión, tenemos que avanzar en una gran convergencia que pueda desplazar a la derecha. Pero sin duda, debemos construir una fuerza de izquierda que influya en esa convergencia. Ambas cosas van de la mano. No se trata de reconstituir lo que ya no necesitamos. Mi idea, y así entiendo yo la resolución del Partido Comunista, no es reconstituir la Concertación porque sabemos que ellos fueron responsables de los efectos negativos que estamos viviendo los trabajadores. Pero si se pueden hacer pactos tácticos para determinados objetivos.

Nosotros no tenemos porqué cargar con la derrota que sufrió la Concertación. Ellos son responsables de sus propios errores y tienen que hacer su propia reflexión. La izquierda tiene que hacer la suya, y salir a disputar los territorios sociales en donde la derecha ha obtenido importante apoyo y representa casi al 50% de la población.

Pero el gobierno proclama que la economía va para arriba y el desempleo ha disminuido.

Ellos pueden decir que han generado gran cantidad de empleos. Pero si uno observa con más detalle se trata de empleos basura, de empleo precario, de trabajo por un mes, transitorios. Lo que nosotros necesitamos es empleo estable con protección, con seguridad social y es lo que no se estan creando. En las zonas afectadas por el terremoto, en las séptima y octava región, la situación es dramática porque no se ha resuelto el tema del empleo, a lo que debemos sumar los despidos de trabajadores del sector publico. Peor aún, el gobierno quiere avanzar en políticas de mayor flexibilidad laboral, orientadas hacia las mujeres y al mundo juvenil, donde las tasas de desempleo superan el 20%.

Desde nuestro punto de vista Piñera no ha cumplido su palabra, tampoco espero que la cumpla porque la verdad nunca he esperado nada de aquello. Lo que han hecho es seguir concentrando mas el poder, apoyando a los grandes grupos económicos y profundizando la desigualdad social. Nuestro país uno de los campeones a nivel mundial en mala distribución del ingreso y desigualdad social.

Cuando tu dices que la exigencia de los trabajadores debe ser trabajo seguro y estable significa que sean con contrato, seguridad laboral, previsión.

Claro, y quiero referirme al tema de los 33 mineros. Ese hecho tan dramático fue resultado de la precarización del empleo y el abuso laboral. A partir de de el se logra visibilizar una situación que afecta no tan solo a los trabajadores de la minería sino a los que laboran en el sector servicios, en el retail, por ejemplo, y en muchos otros ámbitos. Por eso uno de los anhelos más internalizados en los trabajadores es tener seguridad para poder desarrollar una vida más digna. No como hoy donde están obligados a vivir en la incertidumbre, lo que no es bueno para los afectos y para la salud mental de nadie.

Efectivamente nosotros queremos trabajo estable, seguro y con protección social, para ello entendemos que se debe potenciar a la pequeña y mediana empresa. Pero, que ocurre con los ochenta mil “coleros” que existen en nuestro país (se refiere a las personas que se colocan al final de las ferias libres a vender un sinfín de productos), trabajadores informales que a nadie parecen importar y que entran en contradicción muchas veces con los feriantes establecidos que pagan ciertos impuestos. Esto no es culpa de los trabajadores, sino de una sociedad de la desigualdad que se ha ido imponiendo, producto del modelo económico establecido. Es el quien nos divide y no ha generado bienestar para todos. Por eso necesitamos de una clase política, de un movimiento sindical, de un movimiento social capaz de entender las luchas que debemos dar en el presente. Por eso necesitamos el recambio, necesitamos una nueva conducción para más luchas, porque si no hay luchas no van a haber derechos y si no hay derechos, nos transformaremos en mano de obra esclava.

Lo ocurrido en la negociación del sector público en cierta medida golpea la credibilidad de la CUT y agudiza las críticas hacia ella de sindicalistas que no están afiliados ¿cuál sería tu mensaje hacia ellos en esta coyuntura?

La CUT es necesaria. Representa el esfuerzo de muchos trabajadores y especialmente de dirigentes sindicales de provincias que quizás no es visible para el conjunto de los trabajadores. Lo que nosotros estamos planteando es que debe haber un cambio de su conducción. Las fragmentaciones, la división, lo único que generan son oportunidades para los grandes empresarios. Es más, el propio gobierno de derecha, la propia patronal, busca profundizar la división respaldando a ciertas centrales que no tienen consistencia.

No podemos equivocarnos. No por la conducta de una persona o de un grupo de dirigentes sindicales hagamos un festín. Lo que tenemos que hacer acá es el cambio de conducción y para eso tenemos que buscar a los mejores actores, generando las oportunidades institucionales que se dan en el marco de esta organización.

Pero también debemos hacer una severa crítica para que efectivamente pueda generarse ese cambio. Lo que no debería ocurrir es que a partir de esta situación –y lamentablemente algunas organizaciones del sector público lo plantearon- se produzcan desafiliaciones de la Central. Yo creo que eso no es bueno porque le damos oportunidades a los que quieren destruir los pocos espacios que tienen los trabajadores. Lo que debemos hacer es una rectificación en la conducta de los ejecutivos de la Central y en su conducción. Y para eso tenemos que buscar las correlaciones de fuerzas que nos permitan influir y colocar en la conducción a otros hombres, a otras mujeres a otros líderes que están en el movimiento sindical.




Fuente: http://www.dilemas.cl/

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